Relatos de una chica de webcam porno
Como cada miércoles, el llamo para verme, digo llamo porque es más simple explicarlo así, del mismo modo que les digo a mis amigos que trabajo en un callcenter… pero no, soy una chica de webcam porno, y me encanta mi trabajo. Adoro la idea de gente de todo el mundo que puede estar detrás del aparatito ridículo que tengo frente mío, en mi cubículo.
Formo parte del nuevo fenómeno económico, el webcam porno… pero en realidad a mí solo me interesa saber que alimento fantasías y que puede haber gente pensándome en cualquier parte, en cualquier lado.
Pero volvamos a él, siempre llama los miércoles, a esta empresa de webcam porno y a esta hora. Siempre pide que le pasen conmigo. Y a mí siempre me da gusto oírlo. Porque no solo él se divierte con el webcam porno, a mi me encanta hacerlo, me gusta seguir su voz aterciopelada que me va pidiendo cosas, me gusta pensar que cada movimiento que hago es seguido con atención del otro lado. No me gusta, me excita, me estimula. Con el no es un trabajo, el me gusta, y siento que no es webcam porno, sino que él está conmigo, a mi lado, y no solo en voz, sino en cuerpo… lo imagino alto y congruente con su voz. No es posible que con esa voz él sea desagradable. No es posible que siendo desagradable el desate todo esto en mí. El cuelga, y yo recuerdo que estoy en webcam porno, que es mi trabajo y que solo falta una semana para que el vuelva a llamarme.